Pasar mucho tiempo solo cambia el cerebro

Todos queremos estar solos de vez en cuando para escapar de los colegas o de las multitudes, pero no solos solos. Para la mayoría, el aislamiento social prolongado es malo, especialmente para la mente.

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El aislamiento social crónico tiene consecuencias sobre la salud humana, ya que se relaciona con la depresión y el trastorno de estrés postraumático. Ahora, un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de California (Caltech), ha descubierto en un experimento que los ratones que pasan mucho tiempo sin compañía sufren la acumulación de una sustancia química en el cerebro que los hace más agresivos, irascibles y temerosos. Aunque el estudio esta hecho con ratones, se cree que puede ser extrnsivo a las personas.

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El aislamiento social prolongado es malo, especialmente para la mente.

 

Los científicos todavía examinan el vínculo entre la salud mental y física y cómo la soledad afecta a nuestros cuerpos.

Puede afectar a tu cerebro en una forma similar al dolor físico

“En un estudio notable liderado por la doctora Naomi Eisenberger, profesora de Psicología Social en UCLA en Estados Unidos, se encontró que ser excluido y tener sentimientos de soledad, desencadenaba actividad en algunas de las mismas regiones del cerebro que registran dolor físico.

Permanecer cerca de la tribu traía acceso a la vivienda, comida y protección. La separación del grupo, por otro lado, significaba peligro.

“Hoy en día cuando nos sentimos excluidos, nuestros cuerpos pueden sentir una amenaza a la supervivencia, y algunas de las mismas señales de dolor que se emplearían si estuviéramos en un verdadero peligro físico se encienden. En los crónicamente solitarios, los niveles de la hormona del estrés, cortisol, se disparan más en la mañana en comparación con las personas más socialmente conectadas y nunca desaparecen por completo en la noche”.

 

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Puede evitar que tengas una buena noche de sueño

Las personas que se sienten solas tienden a experimentar más interrupciones de sueño en la noche que aquellos que no se sienten así, se encontró en un estudio de 2011.

Los investigadores encontraron que el vínculo entre interrupciones del sueño y la soledad persistían incluso después de que se tomaron en cuenta el estado civil y tamaño de la familia, lo que sugiere que la soledad depende de cómo las personas perciben su situación social más que la situación en sí.

Los 95 participantes del estudio tenían conexiones sociales fuertes y eran parte de una comunidad rural muy cercana de Dakota del Sur, Estados Unidos. Sin embargo, los investigadores encontraron que, incluso las pequeñas diferencias en sus grados de soledad, se reflejaban en su sueño.

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Puede contribuir a la muerte prematura

En dos otros estudios de 2012 se encontró que vivir solo; o simplemente sentirse solitario, puede aumentar el riesgo de muerte prematura de una persona.

En un estudio se analizaron a casi 45,000 personas de 45 años o más que tuvieron una enfermedad del corazón o tuvieron un alto riesgo de tenerla. Aquellos que vivían solos, se encontró en el estudio, tenían mayor probabilidad de morir por infartos, accidentes cerebrovasculares y otras complicaciones en un periodo de cuatro años en comparación con los que vivían con familiares o amigos o en otro arreglo comunitario.

Un segundo estudio se enfocó en aquellos de 60 años o más y se encontró que los hombres y mujeres eran 45% más propensos a morir en el periodo de estudio (seis años) si reportaban sentirse solitarios, aislados o excluidos. Pero aquellos que reportaron soledad 43% de la población del estudio, no necesariamente vivían solos. Los investigadores dijeron que el vínculo entre los sentimientos de soledad y los problemas de salud se mantuvieron incluso después de que fueron tomados en cuenta la situación de vida, depresión y otros factores.

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Puede romperte el corazón (literalmente)

Las personas que reportan estar crónicamente solitarias pueden tener una sobreexpresión de genes conectados a células que producen una respuesta inflamatoria al daño tisular, según un estudio de 2011 de 93 adultos .

Aunque esa respuesta inflamatoria puede ser buena a corto plazo, la inflamación a largo plazo puede levar a enfermedades del corazón y cáncer.

En el estudio se encontró solo una correlación entre la expresión de genes y la soledad, así que no es certero que una pueda causar la otra. Sin embargo, el coautor del estudio, Steven Cole, sugirió que los medicamentos antiinflamatorios pueden ser útiles para las personas que no pueden desprenderse de los sentimientos de soledad.

¿Por qué la mente se derrumba espectacularmente cuando estamos realmente solos? ¿Existe una manera de evitarlo?

Cinco minutos para 120 segundos

La soledad interfiere en una gran cantidad de funciones diarias del cuerpo, como los patrones del sueño, la atención y el razonamiento lógico y verbal. El funcionamiento de estos efectos aún no es claro, pero se sabe que el aislamiento social genera una respuesta inmune extrema -una catarata de hormonas del estrés e inflamación.

Sin embargo, algunos de los efectos más severos de la soledad son mentales.

Para empezar, el aislamiento confunde nuestro sentido del tiempo. En 1961, el geólogo francés Michel Siffre condujo una expedición de dos semanas para estudiar un glacial subterráneo bajo los Alpes franceses y terminó quedándose dos meses, fascinado por los efectos de la oscuridad en la biología humana. Al realizar pruebas con sus colaboradores en la superficie, ellos descubrieron que le tomó cinco minutos contar 120 segundos. En 1993, Maurizio Montalbini, un sociólogo y entusiasta de la espeleología, pasó 366 días en una gruta subterránea cerca de Pesaro (Italia) que había sido diseñada por la NASA para simular misiones espaciales. Al salir de ella, estaba convencido que sólo habían pasado 219 días.

Los investigadores hallaron que, en la oscuridad, la mayoría de la gente se adapta a un ciclo de 48 horas: 36 horas de actividad y 12 horas de sueño. Las razones aún no están claras.

SiffreDerechos de autor de la imagenGETTY

Image captionTras meses de aislamiento, Siffre necesitó lentes oscuros.

Junto con los cambios de tiempo, Siffre y Montalbini también mostraron períodos de inestabilidad mental. Sin embargo, estas experiencias no son nada comparadas con las reacciones extremas mostradas en los experimentos de privación sensorial de mediados del siglo XX.

Experimentos de guerra en el laboratorio

En los años 50 y 60 se rumoreaba que China utilizaba el aislamiento para “lavar los cerebros” de los prisioneros estadounidenses capturados durante la Guerra de Corea, y los gobiernos de Estados Unidos y Canadá estaban más que dispuestos a probarlo.

Entonces, sus departamentos de defensa financiaron una serie investigaciones que hoy en día serían cuestionados.

El más grande se hizo en el centro médico de la universidad McGill en Montreal, liderado por el psicólogo Donald Hebb. Los investigadores pagaron a voluntarios –principalmente estudiantes– para que pasaran días o incluso semanas aislados en cubículos a prueba de ruidos y privados de cualquier contacto humano significativo. Su objetivo era reducir la estimulación sensorial al mínimo y ver el comportamiento de los individuos cuando no sucedía absolutamente nada. Se redujo al mínimo lo que ellos podían sentir, ver, oír y tocar.

Apenas pasadas unas horas, los estudiantes se volvieron increíblemente impacientes. Necesitaban estimulación. Comenzaron a hablar, cantar o recitar poesía para romper con la monotonía. Muchos se volvieron ansiosos o altamente sensibles. Su desempeño mental también se vio afectado a la hora de realizar pruebas de aritmética o de asociación de palabras.

Los efectos más alarmantes fueron las alucinaciones. Comenzaban con puntos de luz, líneas o formas y eventualmente se convertían en extrañas escenas, como ardillas marchando con sacos sobre sus hombros. Ellos no tenían control sobre sus visiones: uno de los hombres sólo veía perros; otro, bebés.

Algunos también experimentaron alucinaciones sonoras, por ejemplo, una caja musical o un coro. Otros imaginaban que los tocaban y uno de los hombres sintió que una bala le impactó en el brazo.

Cuando salieron del experimento, les resultó difícil librarse de este sentido alterado de la realidad, estaban convencidos de que el cuarto se movía o de que los objetos cambiaban constantemente de forma y tamaño.

Los investigadores esperaban poder observar a los sujetos durante varias semanas, pero la prueba fue acortada porque se los veía muy angustiados como para continuar. Muy pocos duraron más de dos días y ninguno llegó a la semana. Hebb escribió luego en la revista American Psychologist que los resultados eran “muy perturbadores”.

“Una cosa es oír que los chinos lavan el cerebro a sus prisioneros y la otra es descubrir que, en tu propio laboratorio, con sólo retirar por unos días estímulos visuales, auditivos y táctiles a un universitario sano puedes alterarlo hasta lo más profundo de su ser”, agregó.

¿Por qué el cerebro se comporta así al estar privado de los sentidos? Los psicólogos cognitivos creen que la parte del cerebro encargada de las tareas continuas, como la percepción sensorial, está acostumbrada a tratar con una gran cantidad de información, visual, auditiva y demás datos del entorno.

Cuando esta información escasea, el psicólogo clínico Ian Robbins dice que “los diferentes sistemas nerviosos que alimentan al procesador central del cerebro siguen disparándose, pero lo hacen sin sentido. Entonces, luego de un tiempo, el cerebro empieza a darles sentido, a buscarles un patrón”. Así es como crea imágenes enteras a partir de imágenes parciales.

Función social

Es posible que tengamos momentos de soledad, pero el aislamiento prolongado puede ser dañino para la salud.

Los biólogos creen que las emociones humanas evolucionaron porque ayudaron a la cooperación entre nuestros primeros ancestros, los cuales se beneficiaban de vivir en grupos.

Su función principal es social. Si no hay un intermediario que nos ayude a saber si nuestros sentimientos de miedo, ira, ansiedad y tristeza son apropiados, en poco tiempo las emociones distorsionan la identidad, alteran la percepción o nos vuelven profundamente irracionales.

Pareciera que si estamos mucho tiempo con nosotros mismos, el sistema que regula nuestra vida en sociedad puede saturarnos.

Sin embargo, no siempre el aislamiento social es debilitante.

¿Pueden algunas personas lidiar con el aislamiento mejor que otras? Los científicos tienen pocas respuestas concretas; pero al menos contamos con la experiencia de los individuos que superaron -o sucumbieron- al aislamiento.

Cuando Shourd fue encarcelada en Irán, se podría decir que era la menos preparada para superarlo. El mundo se pone de cabeza para quienes no consiguen encontrar una razón -ya sea por un bien superior o como un sacrificio personal- que les ayude a darles significado a estas circunstancias.

Cuando les toca vivir esa experiencia, deben darle sentido de alguna forma a su predicamento o separarse mentalmente de la realidad, lo cual es una tarea monumental cuando se está solo.

Hussain al Shahristani lo logró. Él era el consejero nuclear de Saddam Hussein antes de ser torturado y encerrado en la prisión de Abu Ghraib, en las cercanías de Bagdad, después de negarse a ayudar a desarrollar un arma nuclear por motivos morales. Se mantuvo cuerdo durante los 10 años que estuvo encarcelado, refugiándose en un mundo de abstracciones y creando problemas matemáticos que luego trataba de resolver. Hoy en día es el viceministro de energía de Irak.

Dichas experiencias pueden ser más fáciles de soportar si se pertenece a una organización militar. Keron Fletcher, un asesor de psiquiatría que ayudó a evaluar y tratar rehenes, dice que los arrestos e interrogatorios falsos que vivió mientras pertenecía a la Royal Air Force son buenos para preparar para el shock de ser capturado. “Te enseñan lo básico de cómo soportar”, comenta.

John McCain, senador de Estados Unidos, es un buen ejemplo de cómo una mente militar tiene ventajas psicológicas. Sus cinco años y medio de prisionero de guerra en Vietnam parecieron haberlo fortalecido. Sin embargo, tras los dos años de aislamiento dijo: “La soledad es algo terrible. Destroza tu espíritu y debilita tu resistencia más efectivamente que cualquier otra forma de maltrato… La desesperación es inmediata y una excelente rival”.

Los psicólogos que estudian cómo superar el aislamiento aprendieron mucho de exploradores y montañistas solitarios. Para muchos aventureros que se privaron voluntariamente de compañía, el paisaje puede ser un sustituto efectivo que los envuelve en la grandeza o belleza de sus alrededores.

Inspiración en los excursionistas solitarios

El psicólogo noruego Gro Sandal, de la Universidad de Bergen, en Noruega, entrevistó a muchos aventureros sobre cómo soportar situaciones extremas y dice que trascender la realidad de una situación es un mecanismo común para hacerlo. “Los hace sentir más seguros, menos solos”.

No existe un ejemplo más pertinente sobre el poder de la soledad de hundir a una persona o sacar a flote a otra que las historias de Bernard Moitessier y Donald Crowhurst, dos de los competidores de la carrera de yates “Golden Globe Sunday Times” de 1968.

El trofeo de la vuelta al mundo en solitario y sin paradas fue para Robin Knox-Johnston, que lo logró en 313 días. De los nueve competidores, fue el único en terminarla.

Parecía deleitarse con la soledad de su bote, pero no tanto como Moitessier, un asceta francés que practicaba yoga en la cubierta y alimentaba con queso a las pardelas que lo seguían.

Moitessier halló la experiencia tan satisfactoria -y la idea de volver a la civilización tan desagradable- que abandonó la carrera, a pesar de sus altas probabilidades de ganarla, para seguir navegando. Terminó en Tahití luego de recorrer la otra mitad del mundo. “Seguí sin detenerme porque soy feliz en el océano”, declaró, “y tal vez porque quiero salvar mi alma”.

Mientras tanto, Crowhurst tuvo problemas desde el principio. Partió de Inglaterra mal preparado y envió informes falsos sobre sus progresos en los mares del sur. Y la verdad es que nunca dejó el Atlántico.

Luego de navegar a la deriva por meses, a través de la costa de Sudamérica, se volvió cada vez más depresivo y solitario. Finalmente se encerró en su camarote y plasmó sus fantasías en un disperso tratado filosófico de 25.000 palabras antes de saltar por la borda. Su cuerpo nunca fue encontrado.

¿Qué podemos aprender de estas historias de resistencia y desesperación? Lo obvio es que, como regla general, somos considerablemente inferiores cuando nos separan de los demás.

Como dice el escritor Thomas Carlyle, el aislamiento suele ser “la desdicha total”. Sin embargo, también puede valorarse de forma positiva: es posible conectarse y encontrar consuelo más allá de nosotros mismos, incluso cuando estamos solos.

Ser mentalmente fuertes y estar preparados ayuda, pero no debemos subestimar el poder de la imaginación para derrumbar muros de prisión, penetrar cuevas heladas o crear compañeros de viaje que nos acompañen.

-Victoria Suéver-

Fuentes:

Viday arte, ABC y BBC social

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